“Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando” (Juan 15:14). Es maravilloso tener a Jesús por amigo cuando estamos desilusionados. Habíamos esperando algo muy grande, teníamos mucha ilusión puesta en que algo iba a ocurrir, y no ha ocurrido. Habíamos orado, trabajado, esperado en Dios, y no pasó aquello que tanto deseábamos. La tristeza nos invade. ¿A dónde vamos a ir con nuestra pena? A nuestro amigo, Jesús. Él nos comprenderá. Nos consolará. Su amistad nos confortará. Es un buen amigo y su amistad es justo lo que necesitamos cuando estamos desencantados con la vida, decepcionados, y tristes. Al derramar nuestras lágrimas de frustración delante de este amigo en oración estamos consolados. H. Bonar, L. Garza Mora, trad.
